Mi cambio de nombre fue una perfo frustrada ¿Me pude fundir en otro nombre? Absolutamente no ¿Quise? Sí La experiencia fue horrible: no me gustó llamarme María Mareada. Las sensaciones empezaron con el primer: Hola, María. Ahí ya quise decir ¡No me digas así! Vuelvo a ser Dani. Sentí que me quedaba grande, un nombre es de alguna manera una responsabilidad, y esa era muy pesada. Sea por la Virgen María o por María Magdalena, o por todas las Marías que vinieron después y capaz que antes también, tuve que huir de esa joven identidad. No me había dado cuenta cuando lo elegí. Ese significante seguramente me llevaría por caminos de insatisfacción y dolor, como a todas las demás Marías. Para eso me quedaba con Daniela Regert que mal que mal me suena bien. Me empecé a ver con una chica hermosa, y con ella, creamos a Melt Canchera. YO: Pero ¿qué mierda me pasa? ¿Por qué quiero cambiar de nombre? ¿Por qué tanta confusión? YO: ¿Estaré en proceso de terminar de pudrir mi cadáver para convertirm...
soy una científica de la experiencia íntima