Mi cambio de nombre fue una perfo frustrada
¿Me pude fundir en otro nombre?
Absolutamente no
¿Quise? Sí
La experiencia fue horrible: no me gustó llamarme María Mareada.
Las sensaciones empezaron con el primer: Hola, María. Ahí ya quise decir ¡No me digas así! Vuelvo a ser Dani. Sentí que me quedaba grande, un nombre es de alguna manera una responsabilidad, y esa era muy pesada. Sea por la Virgen María o por María Magdalena, o por todas las Marías que vinieron después y capaz que antes también, tuve que huir de esa joven identidad. No me había dado cuenta cuando lo elegí. Ese significante seguramente me llevaría por caminos de insatisfacción y dolor, como a todas las demás Marías. Para eso me quedaba con Daniela Regert que mal que mal me suena bien.
Me empecé a ver con una chica hermosa, y con ella, creamos a Melt Canchera.
YO: Pero ¿qué mierda me pasa? ¿Por qué quiero cambiar de nombre? ¿Por qué tanta confusión?
YO: ¿Estaré en proceso de terminar de pudrir mi cadáver para convertirme en cómpost?
OTRA YO: Bueno, no sé.
OTRA OTRA YO: ¡Cortala con las frases poéticas, pelotuda!
OTRA YO: Ay, ¿vos te hablás así?
TODAS A LA VEZ: Sí
Lo primero que me pasa es una crisis identitaria fuerte. En esta depuración que por razones astrológicas o sanitarias o mundiales a muchos les habrá sucedido en 2020, comencé un gran proceso de transformación personal: me mudé sola, dejé a mi novia de hace seis años, y ahora estoy cuestionándome mi carrera, lo que ¿construí? todos estos años. Estoy embolada del teatro, es un marido machirulo que no lava los platos, no cambia el rollo del papel higiénico, y cosas peores. No hablo del teatro como arte y expresión, sino de sus modos de producción, esa cosa sacrificada, la vulnerabilidad del medio. Se convierte algo hermoso en algo horrendo en dos minutos ¿estoy como cansada? Soy pésima para pedir becas y subsidios: no me gusta la idea de llenar formularios y presentar proyectos que evalúan y está la posibilidad de que no te la den. En el macrismo nos cagaron a trompadas y caer en este pozo pandémico fue la liquidación: el último tiro, el que te pegan en el piso cuando no tenés fuerza para correrte.
Con un amigo cuando hablamos de esto resumimos que nos sentimos rotos, y es esa la sensación para muchos las que estábamos de una u otra manera en el circuito del teatro. Somos la tortuga trabada debajo de la heladera, que la llaman por la casa, y no la encuentran. Y ella ahí, sin voz, sin fuerza. Somos Mateo, de Discépolo, nos tenemos que meter el caballo en el culo y seguir adelante, ¡sin llorar! Eso es lo que nos dice la vida ahora, ¿pero cómo? ¿Cómo doy vuelta la página y me olvido de todo? ¿Cómo hago lo que todos repiten que hagamos: reinventarme?
Me niego a no estar haciendo nada, sea esencial o no, quiero canalizar mi ansiedad creativa y hacer lo que me hace feliz: imaginar y flasharla. Quiero hacer valer mi derecho a imaginar. Entonces me vienen las ganas de postear, es casi el único lugar donde me cruzo gente. Pero no quiero postear así nomás. Ni una foto en malla, ni cosas de mi casa. Quiero romper el orden y no me imagino cómo. Necesito aportar algo corrido para incluirme de verdad. Es raro verse en Instagram con nombre y apellido, un uso de las redes que empezó con Facebook. Es decir: lo tramó todo la CÍA, y nosotras nos acostumbramos. Siento que hoy por hoy si no posteo desaparezco y pierdo todo contacto con las otras. Necesito postear, yo me siento un ser social. Me rehúso a perder un espacio de interacción, y definitivamente no estoy lista para hacer teatro ahora, entonces estoy ¡ah! No sé qué hacer, me inquieta no tener un proyecto artístico, eso es lo importante para mí. La no ficción me aburre, tengo ganas de agujerearla, yo la rompería, le haría un tajo con un cuchillo como a un almohadón de plumas, y que se liberen todas juntas en la atmósfera.
No quiero ser siempre Daniela Regert, quiero ser otras, quiero ser Nikita, vivir aventuras locas, inimaginables. Quiero dar una Dani más subversiva y desatada, que se permita ser bestial. No la que mira por la cortina drogada mientras anota en el excel las cuentas que pagó para vivir su vida de mierda. La otra, la que quiere hacer reír y emocionar y pone la casa para que se arme la joda. Es tan aburrido mirar la misma realidad una y otra vez sin volar, sin imaginarse una mariposa, sin la aparición de un duende. El espacio de la posibilidad… Lo que hay detrás de unos puntos suspensivos… Sé que me puede salvar un nuevo proyecto artístico que me entretenga y de sentido. Es lo único que quiero hacer si logro sobrevivir a la pandemia -que por ahora con más o menos dignidad, vengo bien-. Lo único para lo que quiero sobrevivir en este contexto. Oh hada madrina ojalá me estés escuchando jejeje. Es lo que más quiero, que no me frustre, que lo pueda sostener y que apueste de nuevo a él, bien simple y sincero, como respirar. Que sea mejor que respirar, que sea como besarse en la noche con una muchacha y enamorarse poco a poco. Ah ¡qué le pasaba! Bueno, a eso me refiero. A tener un espacio donde hacer metáforas en paz sin parecer un loco. Un espacio donde enamorarse en paz.
https://telegra.ph/Me-permito-un-fracaso-m%C3%A1s-06-09

siento q muero a tu lado. Eres tan brlla
ResponderEliminarqué lindo, gracias
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