Ir al contenido principal

Entradas

Querido diario: Tengo tantas cosas para contarte. Mercurio retrógrado nos legó una masacre: un chérnobil de aparatos rotos. Acceso limitado a todas las conexiones. Clima de desconexión a cada mirada. Los sucesos fueron una mala traducción de un libro fuera del listado. Mi celu quiso suicidarse por vías acuáticas (lo logró bastante). Comencé a llamar al servicio técnico todos los días, fingiendo ser otra, y no conocer a mi interlocutor. Que no sepa que fui yo quien ya llamó. Un día me dijeron que no siga, ellos me iban a avisar. Por mail, como le había pedido en la anterior llamada. Bueno, sí, ¡¡je!! pensé: no volveré a rebajarme más nunca más. Comenzó una etapa sombría. De incertidumbre y alejamiento de las apps. Todavía espero. Una amiga me dijo: son estrategias para descartar al enemigo. Tiene razón. Ahora veo las jetas de la gente mientras camino, no sé como es la vida sin alarmas, sin agenda, me había encariñado con el control de Google, van como quince...
Amo el formato diario No quiero tener que dejar de escribir uno. Y que no ande mi teclado, ni mi cerebro. Bua. ¡Cómo me odio! Mentira. Las palabras son poderosas. En las redes: las personas son palabras. En la mente también. Palabras y algo más. Quiero escribir un diario. Para poder decir que hoy: ordené mi cuarto. También el de mi novia más temprano. Estoy indispuesta y tengo una remera muy finita sin corpiño. Y me da vergüenza que me vean las tetas, aunque nadie me mira, sí los ojos de los objetos, pero eso ya es otra cosa. Quisiera que mi diario tenga los secretos más sorprendentes o polémicos mezclados con sentimientos. Que las frases puedan pasar por el detector de lo artístico. Y una diosa enorme y brillosa los selle, y los bendiga. Nunca está cansada esa diosa. Siempre espléndida. Me dice ¡Hola Daniela! Y yo le digo: Hola Diosa, ¡te amo! Me super inspirás. ¿Me dejás tocarte? Y desaparece. Por momentos se vuelve una luz muy potente. A veces me sonríe co...