Querido diario: Tengo tantas cosas para contarte. Mercurio retrógrado nos legó una masacre: un chérnobil de aparatos rotos. Acceso limitado a todas las conexiones. Clima de desconexión a cada mirada. Los sucesos fueron una mala traducción de un libro fuera del listado. Mi celu quiso suicidarse por vías acuáticas (lo logró bastante). Comencé a llamar al servicio técnico todos los días, fingiendo ser otra, y no conocer a mi interlocutor. Que no sepa que fui yo quien ya llamó. Un día me dijeron que no siga, ellos me iban a avisar. Por mail, como le había pedido en la anterior llamada. Bueno, sí, ¡¡je!! pensé: no volveré a rebajarme más nunca más. Comenzó una etapa sombría. De incertidumbre y alejamiento de las apps. Todavía espero. Una amiga me dijo: son estrategias para descartar al enemigo. Tiene razón. Ahora veo las jetas de la gente mientras camino, no sé como es la vida sin alarmas, sin agenda, me había encariñado con el control de Google, van como quince...
soy una científica de la experiencia íntima